PRODUCCIÓN DE ALIMENTOS PARA LA JUSTICIA SOCIAL Y AMBIENTAL.

📆 28/03/2022 – ✒ Mesa Provincial de Organizaciones de Productores Familiares de la provincia de Buenos Aires – 📌 BUENOS AIRES – 🔗 https://bit.ly/38bu5JR

A partir del debate entre desarrollo y ambientalismo expuesto en redes sociales y diversos artículos, se ha abordado el tema de la agroecología como parte del paquete de iniciativas emparentadas con el “prohibicionismo” o “antidesarrollo” en este caso, de la utilización de agroquímicos y semillas transgénicas y por lo tanto de la agricultura de insumos o agricultura industrial. Desde la Mesa Provincial de Organizaciones de Productores Familiares de la provincia de Buenos Aires quisiéramos aportar nuestra experiencia y mirada sobre el tema, viendo que circulan todo tipo de inexactitudes que solo contribuyen a la desinformación y empobrecimiento cultural.

El modelo de producción agroecológico se sitúa desde un posicionamiento político, social, económico, ambiental y cultural desde el que expresa que la vida en general forma parte de un gran ecosistema en el que el ser humano debe desarrollarse en armonía con la naturaleza, respetando y conteniendo las diversidades, propendiendo a la mayor participación social en la construcción de sociedades con la mayor igualdad y justicia social posibles en un proceso espiralado y ascendente.

La conquista de mayores grados de libertad en cuanto a ampliación de derechos individuales y sociales, de independencia económica y de soberanía política son, en el caso particular de nuestra organización, banderas que nos impulsan a promover modelos de producción coherentes con lo expuesto, tal el caso de la agroecología y de la economía social. Para ello, consideramos fundamental el rol del Estado.

Veamos algunas cuestiones más específicas de los modelos de producción.

Productividad.

Cualquier actividad productiva es de alguna manera regulada por las leyes del mercado y por el Estado a través de las políticas públicas. Cuando se hace referencia por ejemplo a la “productividad”, deberíamos contemplar no solo los rendimientos específicos sino también los resultados económicos finales en donde interviene la variable gastos y sus externalidades.

La agricultura industrial, que de acuerdo a los “desarrollistas” se apoya en los conocimientos científicos y por lo tanto es una “producción intensiva” que responde a los requerimientos de la demanda internacional de alimentos, se apoya en el uso también “intensivo” de agroquímicos y semillas transgénicas o híbridas, insumos dolarizados provistos mayoritariamente por multinacionales, lo que provoca por un lado un gasto importante que formará parte del resultado económico, así como un requerimiento de moneda extranjera por parte del gobierno nacional (requerimiento de dólares para la importación de los mismos). Este último asunto pasa a agravar la llamada restricción externa que se utiliza como argumento para profundizar las políticas de exportación de materia prima ¡! Es verdad que esta actividad y su cadena industrial es la principal proveedora de dólares por exportación, pero agreguemos a esa ecuación los que salen por importaciones.

Además debemos mencionar los efectos colaterales de la agricultura industrial. Existen toda una serie de pasivos que debe enfrentar el Estado, vinculado a los efectos sobre la salud a consecuencia del mal uso de los agroquímicos que terminan siendo abordados por el sistema de salud pública, la provocación de desastres ambientales; la degradación de la fertilidad y la concentración en el uso de la tierra con la consecuente expulsión de trabajadores y trabajadoras con sus familias a las periferias de las ciudades. A consecuencia de esto, el Estado luego debe abordar estas problemáticas con políticas asistenciales.

En el caso del modelo agroecológico, sin contar con los beneficios financieros adecuados, sin políticas públicas suficientes en todo sentido, posee rendimientos productivos similares a los del otro modelo. Puede recurrirse a la Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología (RENAMA) para acceder a documentos e investigaciones que demuestran esto, así como investigaciones del INTA o de diversas universidades Nacionales. En el INTA Barrow se desarrolla una experiencia en donde dividieron la superficie en dos predios similares, en uno cultivan con el paquete tecnológico y en el otro de manera agroecológica y con rigor científico comprobando en este último no solo la mayor rentabilidad económica, sino la mayor productividad medida en kg de granos y de carne además del mejoramiento de la cantidad y calidad de los nutrientes del suelo.

¿Cómo se certifica la producción agroecológica?

¿Y cómo se certifica la calidad de los alimentos que consumimos en general? ¿Y cómo se controla la aplicación de agroquímicos?…

El Estado posee capacidad de control pero nosotros agregamos que controlar es también una decisión política. Significa que además de poseer una burocracia inteligente, debemos contar con funcionarios que respondan a los intereses de las mayorías, a los intereses populares, no solo de los factores de poder real. Y eso también hay que “producirlo”.

En lo que hace a la Agroecología, existen los Sistemas Participativos de Garantías SPG, que certifican el proceso de producción en donde además de aplicar un método, éste se lleva adelante entre las partes involucradas: productores, consumidores y el Estado a través por ejemplo de una Universidad Nacional. Existen muchas experiencias de este tipo en distinto grado de desarrollo.

Pero si hablamos de sanidad de los alimentos que consumimos, tenemos mucho para decir. Primeramente que las normativas y las dependencias estatales abocadas a ello deben profundizar las adaptaciones necesarias para poder acompañar procesos productivos de escalas diferentes. O sea, necesitamos normativas inclusivas, segmentadas de acuerdo a los volúmenes de producción de los diferentes emprendimientos. No es lo mismo una multinacional que una pyme, una cooperativa o una producción casera.

En cuanto a la calidad de los alimentos, solo es necesario leer las etiquetas de los ultraprocesados para verificar qué estamos comiendo.

Advertimos que cada vez más se producen comestibles industrializados con menor calidad y cualidades alimenticias. Mientras se consolidan experiencias gourmet u orgánicas, la agroecología produce alimentos que pueden ser para todos y todas. No estamos de acuerdo en que sólo los sectores más adinerados consuman alimentos de calidad.

Si se quiere hacer las cosas de otra forma, se puede, sólo hay que afrontar la decisión de ir contra determinados intereses.

¿En qué nos beneficia el modelo agroecológico?

Tiende a producir de manera cada vez más respetuosa y cuidadosa de los ecosistemas con toda su diversidad. Produce alimentos sin agroquímicos que mal utilizados se transforman en tóxicos. Se hace un uso de la tierra que permite mantener todos sus nutrientes. Fomenta el arraigo rural ya que promueve el desarrollo de las comunidades de manera completa, no solo económica. Utiliza más mano de obra, no porque no se aplique tecnología, sino porque se usa de manera adecuada y apropiada. Desarrolla condiciones para generar valor agregado local y/o regional con lo que se hace posible pensar en una ocupación territorial más equilibrada, descomprimiendo las mega ciudades desnaturalizadas. Aporta al enfriamiento del planeta, ya que la AE junto a la economía social reducen drásticamente la necesidad de transporte moviéndose en circuitos más cortos y de cercanía cuando fuese posible. Es factor de desconcentración de la economía, generando cooperativas y asociaciones de productores locales y regionales. Promueve la desconcentración comercial a partir de un entramado de comercios de cercanía: ferias, comercializadoras, almacenes barriales, mercados locales y regionales. Está encarnada en las familias campesinas, trabajadores y trabajadoras rurales que requieren de personal en determinados momentos de la producción.

¿Qué proponemos?

¿Proponemos reemplazar la agricultura rentística de los comodities por la AE?, sí, pero en un proceso de transición con el impulso de las políticas públicas necesarias.

¿Proponemos desentendernos de los aportes de la ciencia?, no, pero decimos que hay tecnologías apropiadas y conocimiento científico que pueden mantener ese desarrollo armónico que mencionábamos al principio.

¿Podemos alimentar y responder a las necesidades de alimentación del mundo con este modelo?, por supuesto, si cambiamos también los mecanismos y métodos no sólo de producción sino también de distribución y acceso a los mismos. Esto se logrará si el paradigma que nos guía es el de respetar y satisfacer los derechos básicos universales y no el de maximizar ganancias a costa de la explotación de los trabajadores, las trabajadoras y la naturaleza.

Sabemos que el cambio no es sencillo, sobre todo por los intereses que deben enfrentarse, pero los resultados obtenidos a la fecha en término de seguridad alimentaria mundial, hablan del fracaso del paradigma productivista y economicista. El cambio también debe ser cultural.

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